La Vejez Téalera

Nuestros gustos están en perpetuo estado de cambio, un día nos gusta una cosa y al día siguiente puede que nos guste otra completamente distinta. Quiero pensar que más allá del ineviatable cambio, nuestros gustos deben obedecer a un principio básico: evolucionar. La vida de aquellos que nos dedicamos a trabajar por el té evoluciona de la mano de esta planta, y conforme nosotros cambiamos, nuestras sesiones de té y la percepción que tenemos sobre estas también cambian, tambien evolucionan.

御林芯茶苑

A veces tomo asiento frente a la mesa de té y me invade una sensación de que soy un anciano quisquilloso, comienzo a observar cuidadosamente los implementos que voy a utilizar, tomo entre mis dedos las tazas y las teteras, y sin poder evitarlo comienzo a tener una conversación interna con estos objetos. Al momento de presentar  las hojas de té frente la parafernalia puede que arregle la mesa de una manera completamente distinta de acuerdo con el tipo de té que esté preparando. También puede que a media sesión cambie las tazas o la misma tetera donde estoy preparando el té, y por si no fuese poco a veces suelo murmurarle cosas a la mesa, como si esta fuese a responderme. A todo esto mi esposa me observa distante con cara de haber contraído votos con un demente, yo le sonrío y para tranquilizarla le dejo saber que sólo estoy practicando para cuando me vuelva realmente seníl. Aunque algunas de las costumbres se van afianzando con el paso del tiempo, otras cosas cambian drásticamente y muy rápido para mi propio gusto.

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Ultimamente encuentro que aquellos tés verdes no tan refinados tienen un efecto bastante fuerte con respecto a la energía corporal, a su vez percibo que estos son un poco mas agresivos con el estómago, lo mismo aplica para la gran mayoría de los maochas. Desde hace un tiempo repudio la mayoria de las notas florales muy acentuadas, en especial si el aroma me recuerda a las coronas de flores que utilizan en los funerales, así que muchas veces elevo el agua a mucha más temperatura para hacer retroceder dichas notas, si el té es de buena calidad pasará la prueba trayéndo al frente notas mucho mas interesantes para mi.

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Como consecuencia del cambio en los gustos, mi alacena de té se encuentra inundada de té blanco por el cual perdí todo el interés, a menos que se trate de un híbrido exótico de Alishan cuyo sabor sea como si un té negro de Darjeeling se hubiese casado con un Bai Mudan. La misma situación ocurría con los oolongs de un verde radioactivo, hasta que comencé a rostizarlos por mi cuenta, eso los hace un poco mas digeribles y menos florales. A su vez, tés que alguna vez no fueron mis preferidos se encuentran cada vez mas presentes en mis sesiones: puerhs shengs jóvenes, diversas variedades de té rojo chino (hongcha) y oolongs rocosos de wuyi. Al mismo tiempo ocurre que muchas veces bebo algunos tipos de té no por su sabor sino por la energía que aportan al cuerpo.

Veamos a donde nos lleva la vejez dentro de unos diez años o más.

Alain

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