El Mundo de los Blends

Aquellos que me conocen bien saben que soy un purista a mas no poder cuando se trata del té, aun así no me considero un snob que se dedica a beber exclusivamente té que solo ha sido “cosechado en una sola plantación ubicada en el punto mas alto del Himalaya y que ha sido bendecido por la misma mano del Buda“. Cuando hablo del “purismo” dentro del mundo del té me refiero a que soy de esas personas que han tomado como misión en la vida preservar los métodos tradicionales Orientales sin intentar reinventar la rueda con fines comerciales, razón por la cuál he criticado fuertemente en el pasado a algunas compañías de té, en especial a las que se especializan en té mezclado o lo que se conoce como blends. El que sea purista no quiere decir que odie al té con coco, flores, o trocitos de chocolate, y mucho menos que no reconozca que estos tienen su lugar dentro de nuestra vasta esfera de hojas, teteras y tazas.

LOS INICIOS

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 Existe evidencia reciente que sugiere que desde que El Emperador Shennong se encontró con la Camellia Sinensis por el año 2737 A.C., hasta aproximadamente el 618 A.D., el rol del té dentro de la vida cotidiana en China fue meramente medicinal. Esto quiere decir que mucho antes de que el té fuese tomado en cuenta como bebida, tuvo tres mil años de historia como remedio a diversos males, lo cual se encuentra evidenciado por arqueólogos que han hallado antiguas recetas a lo largo de las regiones de Yunnan, Vietnam, Burma, India y Laos, donde el té era mezclado con los ingredientes mas peculiares: cortezas de árboles, cebollas, mantequilla e incluso sal.

Ante toda esta evidencia, sólo podemos concluir que el “té original” fue un blend. Es aquí donde los Puristas Inquisidores del Té piden que se me corte la cabeza por afirmar tal cosa.

LOS BARCOS

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El descubrimiento de América y la construcción de Las Colonias cambiaron todo: la economía mundial, la gastronomía Europea, e incluso la forma de procesar el té. Aunque durante el Siglo XVII Europa controlaba el monopolio del té, los Chinos eran quienes suplían las valiosas hojas secas ya que eran los únicos que sabían como procesarlas. Con los viajes en barco y todas las cosas que esto acarreaba: marineros ebrios y malolientes, constante humedad de agua salada y alimañas como las ratas, el té no siempre llegaba en condiciones óptimas a su destino final, por esta razón los mercaderes comenzaron a enfocarse en el té negro el cual tenía mayor capacidad para soportar estos duros viajes. 

El té negro se convirtió en un éxito para las clases sociales altas de Europa, y como todo aquello que llegaba a la realeza debía refinarse, fue sólo cuestión de tiempo para que los mercaderes encontrasen una manera de elevar sus ventas: mezclar el té. Cualquiera que fuesen los blends piloto de la época, estos lograron sobrevivir y evolucionar de tal manera que hoy en día se siguen consumiendo, las conocemos como: Earl Grey, Irish Breakfast, English Breakfast y muchas más.

LA CIENCIA

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Aquellos que eran dueños de plantaciones de té se dieron cuenta de una variante: las cosechas de té tenían un sabor distinto cada año. Esto representaba un problema ya que los consumidores deseban seguir obteniendo el mismo producto que fue de su agrado la primera vez que lo probaron. Es aquí donde nace un segundo tipo de blends. Cada plantación de té tiene características únicas en relación a sabores y aromas que se pueden encontrar en las hojas, por esta razón compañías como Lipton contrata catadores expertos quienes hacen ecuaciones en base a lo que pueden percibir sus sentidos para así realizar la mezcla de diferentes plantaciones y que el resultado final sea un producto idéntico al del año anterior. Veámoslo en términos gastronómicos, mezclar las hojas de té de la Plantación X con las de la Plantación Y  es como acomodar los ingredientes de un sandwich de la mejor manera para que todos los sabores y aromas tengan cierta armonía.

A NIVEL PURISTA

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Actualmente me encuentro en ese momento de mi vida donde prefiero el té sin ningún aditivo, aún así estoy consciente de que incluso las variedades “puras” que consumo a diario son de alguna manera un blend entre plantaciones, ya que el proceso que describí anteriormente también aplica para las variedades que son consideradas de alto estándar. No tengo nada en contra de los blends, salvo por aquellas compañías que incluyen tantos aditivos en sus mezclas que el té queda desprovisto de toda su esencia natural para convertirse en una golosina perjudicial para la salud. Por otro lado tengo amigos que se dedican a hacer sus propios blends y de ellos he aprendido que puede ser todo un arte, además de añadirle un toque de elegancia a nuestras sesiones de té.

Así que si disfrutas de un Puerh Marca Azul del año 1990 o un English Breakfast con trocitos de almendras y chocolate, espero que igual nos encontremos mezclados: dentro de una taza de té.

Alain

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One Comment Add yours

  1. Patricia says:

    Me ha encantado. He aprendido y me he reído, qué mejor combinación? Me quedo con los puros y sólo con las mezclas entre culturas. Abrazo. Patricia M.G.

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