La infame bolsita de té

 

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La conversación era acompañada por un café hecho por el esposo de una amiga (debo admitir que fue un muy buen café) sin embargo, como en la mayoría de los casos cuando visito amigos, no pude evitar hablar del té. Esperaba que mi comentario pasara desapercibido, como también ocurre en muchas ocasiones y que la conversación tomase otro rumbo hacia el clima, la política o porque las vacas no vuelan, sin embargo el té se impuso monumentalmente. Mi amiga abrió un gabinete de su alacena y comenzó a desenterrar toda clase de infusiones, la mayoría de ellas hierbas y frutos deshidratados, a lo lejos asomó sus colores una caja bastante bonita que rezaba en la tapa: Fortnum&Mason, al abrirla se encontraban acomodados de forma inmaculada al menos un centenar de sobres de té negro. Mi amiga y su esposo confesaron que no se sentían atraídos particularmente por el té negro y así fue como terminé trayendo a casa varias de estas bolsitas de té con el fin de probarlas y poder catar la calidad de su contenido.

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Tan pronto como abrí la primera bolsita y observé el polvo en su interior ya sabía cuál iba a ser el resultado; este té solo funcionaria con leche o limón y miel.

ORIGEN DE LAS BOLSITAS DE TÉ

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Thomas Sullivan, un mercader de té y café residente de New York fue el responsable por el nacimiento de la bolsita de té en 1904. Thomas tuvo la genial idea de enviar muestras de té con una presentación al tope de la etiqueta británica; té dentro de sacos de tela y sellados con una cinta de color, sin embargo no fue muy educadamente británico lo que hicieron quienes recibieron estas muestras; en lugar de abrir las bolsitas que contenían el té decidieron lanzarlas directamente en el agua hirviendo y así se expandió esta nueva tecnología gastronómica; era rápido, novedoso y tenía buen sabor (tan buen sabor como cualquier cosa a la que se le añada azúcar). Tiempo después se darían cuenta de que el saco de tela le confería su propio sabor a la infusión, así que se optó por refinar este método y hacer los sacos de papel.

EL INTERIOR DE UNA BOLSITA DE TÉ

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CTC Cut, Tear and Curl – Cortar, Separar y Enrollar. Este método fue inventado en 1930, haciéndose famoso en la década de los 50s y logrando posicionarse en el mercado mundial para el año 1970. Se toman las hojas de té, se reduce su contenido de humedad poniéndolas a secar, luego son pasadas por una serie de rodillos que las cortan, las separan y finalmente las enrollan, el producto que se obtiene de este proceso es de color verde, por lo tanto las hojas necesitan un tiempo para poder oxidarse y convertirse propiamente en un té negro.

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Después de la oxidación las hojas son secadas de nuevo y pasadas por una serie de mallas para eliminar cualquier polvo restante. Finalmente se colocan dentro de las bolsitas de té.

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Existen dos tipos de CTC, lo que en la industria se concoce como “fannings” y lo que se conoce como “dust” o polvo, siendo este último el de inferior calidad. Personalmente no me gusta el té en bolsitas, sin embargo en el día a día la ceremonia del té no es muy práctica que digamos, así que a veces me toca apagar mi nariz y paladar, y recurrir a la bolsita de té.

FANNINGS

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Me he encontrado con bolsitas de té bastante decentes y siempre han contenido fannings. Estas hojitas son circulares y producen un licor en taza bastante agradable, sin embargo es unilateral con respecto a los sabores y no ofrece todos los matices que puede tener un té hecho con la hoja completa.

DUST

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Es lo que indica su traducción; polvo. No disfruto las bolsitas de dust salvo que sean infusionadas en leche o con limón y miel. Esta es la variedad de más baja calidad.

INFAME TÉ NEGRO

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Cuando estoy en algún sitio y suele mencionarse el tema del té, siempre espero por esas personas que afirman: “¡No me gusta el té!”. En mi encuesta personal, la cual llevo desde hace un par de años, las personas que afirman no tener gusto por el té se han limitado a probar cuando mucho una bolsita de dust. También pensaría que el té es una bebida terrible si mi único encuentro con la infusión fuese en forma de bolsitas. Ya que las hojas que se encuentran en una bolsita han sido literalmente destrozadas por una máquina, estas tienden a ser “agresivas” a las hora de infusionarlas, es decir que liberan el sabor muy rápido pero también esas notas amargas que no son del gusto común, al igual que también liberan mucho contenido de cafeína. En mi hogar las bolsitas de té juegan un rol importante para esos días en los que no poseo tiempo de sentarme y disfrutar del té en hojas sueltas, de igual manera son muy apreciadas con leche y miel en presencia de un catarro, flema y estertores mucosos provenientes de un pecho engripado. También hacen una perfecta bebida refrescante para esos días calurosos si se mezclan con hielo, limón y yerbabuena.

Gracias a Neyeska y Lorenzo por las muestras de té.

Alain

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