Té Puerh – Parte III

1

Probé la taza de líquido marrón y recuerdo haber hecho una mueca como si me hubiesen servido lodo. El resto de los comensales engullían sus vegetales salteados, un tazón de arroz sin sal y carne guisada. Cada tanto hacían una pausa para beber lodo y exhalar un “ah” que no denotaba asco. No existe algo tan incómodo (gastronómicamente hablando) como cuando no te gusta la comida en casa de tus amigos y debes fingir que es lo más delicioso del planeta; cada bocado se hace eterno y sientes los ojos de todo el mundo sobre ti, como si tuviesen un escáner mental que encendiese una luz roja de neón con el texto de “A ESTE CHICO NO LE GUSTA LA COMIDA”, pero en este caso no fue la comida, al diablo que el arroz no tuviese sal, me bastaba con colocarlo en el tazón de la carne guisada y engullirlo todo junto. Lo único que me hacía sufrir en la mesa era esa taza de lodo. Mis amigos eran asiáticos y cuando me invitaban a comer sabía que estaba firmando la lista de asistencia a una mesa donde se podía presentar cualquier anormalidad gourmet; hongos secos que crecían en el tronco de árboles asiáticos, cortes de carne de dudosa procedencia, sopas de flores transparentes que flotaban en la superficie del tazón y se asemejaban a una medusa de mar, sin embargo, la taza de lodo se llevaba los premios de la academia al sabor más extraño que yo hubiese probado hasta ese momento.

2

Todos vaciaron sus platos y se levantaron de sus asientos para dirigirse al jardín techado, yo aproveché la confusión de platos, cucharas, cuchillos y tenedores para vaciar lo que me quedaba de lodo en el fregadero y dejar la infame taza atrás. Una vez en el jardín techado me eché sobre una cómoda silla de madera, subí mis pies a la pequeña mesa, la cálida brisa nos abrazó y sacudió las enredaderas del techo de madera que apenas dejaba colar unos rayos de sol. La tarde era perfecta y no existía otro lugar del mundo donde yo deseara estar, esto hasta que uno de mis amigos trajo consigo una tetera, unas tazas y otra ronda del infame lodo que torturó mi existencia durante todo el almuerzo; yupi. Traté de negarme pero al parecer la palabra “no” y mover la cabeza hacia los lados en chino significa “si, dame todo el lodo que quieras”.

3

Mis amigos habían invitado a un grupo de personas que yo no conocía y algunos de ellos me dieron la impresión de no saber siquiera una palabra en español, así que sin poder decirle a alguien que no me gustaba la tertulia, resolví que si tiraba la taza de lodo “accidentalmente” sobre una planta,  y que con suerte esta no muriese en el acto, quizás podría salvarme de tener que volver a beber ese elixir de los muertos vivientes. Cuando estaba a punto de llevar a cabo mi plan, una chica que no conocía entabló conversación conmigo, ella aparentemente si sabía español. Se presentó a sí misma como Li, luego dio un sorbo a su taza de lodo y mirándome a los ojos me dijo: -Sé que al puerh no le gustas y eso ocurre porque a ti no te gusta él.- Esta sería la primera frase de muchas que me acompañarían mientras comenzaba mi  viaje por el camino del té, y también mi primer encuentro con un puerh.

ENTENDIENDO AL PU-ERH

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Una vez escuché a alguien decir: “El puerh es un gusto adquirido”. Esta frase tiene mucho de cierto, pero no es la verdad absoluta. En el año 2006 el puerh tuvo un boom, aquellos que se adentraron en el mundo del té para esta época no tardaron en sentir fascinación por el té fermentado llevando a muchos inexpertos a comprar cakes o bricks de baja calidad, peor aún, ciertas personas quisieron compartir por internet sus experiencias y de pronto los websites se vieron inundados de foros donde los usuarios compartían sus “notas de cata”, nunca antes habiendo probado un puerh de verdad, muchos asumieron que el sabor y aromas de un puerh de baja calidad era el legítimo, creando una nube de confusión con respecto a lo que verdaderamente este té debe ser.

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Es cierto que el paladar necesita cierta “configuración” antes de apreciar un puerh en su totalidad ya que un cake o un brick de buena calidad que se haya añejado de forma favorable, presentará las notas características de un puerh. El puerh es como un anciano sabio; no se pavoneará de estar presente, simplemente se hará sentir y luego se irá con la misma calma que llegó. Durante años de haberme encontrado con otros bebedores de té, me he dado cuenta de que muchos no diferencian entre un puerh de baja calidad y uno procesado y fermentado con altos estándares de calidad.

PUERH DE BAJA CALIDAD

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El puerh de baja calidad tendrá aromas y sabores que nuestro cuerpo rechazará naturalmente. Dudo que alguien abra el contenedor de basura y encuentre reconfortantes los aromas que saldrán despedidos al aire; lo mismo ocurre con el puerh de baja calidad; estos pueden oler a hongos rancios, moho, polvo, lodo, frutos de mar en mal estado o cualquier cosa similar a unos pies con sabañón que hayan trotado unos cuantos kilómetros sin utilizar calcetines. Los aromas y sabores desagradables se deben a pobres condiciones de fermentación y por ende la proliferación de bacterias indeseadas en el té, estos productos no solo harán que la infusión sea desagradable sino que pueden ser un riesgo para la salud.

PUERH DE ALTA CALIDAD

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Los Chinos dicen que  un buen puerh debe tener permanencia en la boca,  la cual debe ser duradera para poder ser apreciado.  Debe tener lo que se llama un “buen cuerpo” y hacernos sentir todos los sabores con bastante intensidad, sin embargo es importante recordar que el sabor no define la calidad de un té sino su carácter. Lo siguiente sería el balance de los aromas y los sabores los cuales deben encontrarse en armonía, a su vez los “errores” que pueda presentar en el té deben ser casi imperceptibles. A fin de cuentas creo que lo más importante cuando se trata del puerh es tener en mente que no todos se añejan de la misma forma, esto ya depende del sitio donde haya sido almacenado, también es importante recordar que no todos los paladares son iguales, algunas personas apreciarán sabores y aromas en el puerh que para otros serán totalmente desagradables, y esto ya es cuestión no de conocer al  té sino de conocer nuestros gustos personales.

Alain

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