El Maestro en París: Madame Tseng

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No me interesa la torre Eiffel, mucho menos el Louvre o que Joel Robuchon me prepare el mejor salmón de todo París; pisar esta ciudad para mi implica que el primer destino a visitar debe ser la 1 de rue Saint Médard.

La alta superficie de la fachada se encuentra tatuada con caracteres en pinyin los cuales cuentan la historia de la primavera y sus aromas, diseñado como un hechizo para atraer a los amantes del té a que pasen por el umbral de la entrada lo cual es un portal que te hará pensar que ya no te encuentras en Francia, sino en el mismo corazón de China. Detrás del mostrador, cubierta por una espesa cascada de cabello negro y una sonrisa que te hará sentir que conoces a esa cara de toda una vida, se encontrará Madame Tseng.

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Ese rostro que ha visto incontables primaveras, que recibía el amanecer y la bruma matutina con aroma a montaña, esas mejillas que reían cuando ella corría entre los arbustos de la plantación de té de su familia, esas manos que con el mayor de los respetos recolectaron las mejores hojas, esos curiosos ojos que espiaban a través de la puerta del taller de procesos en busca de una receta mágica para el oolong, la nariz y los labios que han probado miles de aromas y sabores en busca de algo más que una mera experiencia sensorial, sino conocer y adentrarse en el alma de una taza; esa es Madame Yu Hui Tseng.

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Aunque nació en Taiwan su familia proviene de Fujian, en China, donde tres generaciones de su familia dedicaron sus vidas a los campos de té, cosa que ella recuerda como un parque de diversiones hecho de sabores.  De niña solía correr por los campos de té y observar como su familia procesaba las hojas que se recolectaban cada día, a su vez también podía disfrutar de un buen licor hecho de hojas de té una vez que estas estaban listas para su consumo, esto le dio la agudeza sensorial para conocer el camino del té como la propia palma de su mano. Para ella el entendimiento del té se resume en una cosa: -Simpleza. Hacer té es como cocinar.-

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A la edad de 17 años habiendo ganado el primer lugar como Clarinetista De Taiwan, el camino de la vida se bifurcó para ella, debía tomar una decisión sobre el futuro de su vida, Yu Hui Tseng eligió al té. Su siguiente paso fue estudiar la ceremonia china del té, la cual se conoce como gong fu cha bajo la tutela del Maestro Zhang Tia Fu, y así en 1995 abrió su tienda de té en París; Maison des Trois Thés. Y aunque de correr entre los campos de té a abrir una tienda en la capital gastronómica del mundo parece un gran recorrido, a Madame Tseng aun le quedaba enfrentar el mayor reto de tener su propio negocio; ganarse a la clientela. En los años 90s el té chino no había tenido su renacimiento aún, así que tener una casa de té en Paris con una población amante del vino y que apenas conocía lo que era un bolsita de té, era algo bastante ambicioso. La perseverancia de Madame Tseng, cuyo objetivo era simplehacer que las personas puedan conocer la verdadera esencia del té chino, en su forma mas rica y pura.- le llevó a convertirse en uno de los diez maestros mas reconocidos del mundo, siendo ella la única mujer.  

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La Maison des Trois Thés posee hoy en día alrededor de mil variedades de té, incluyendo una variedad vintage de 1890 encontrada en un monasterio budista. La calidad del té vendido en este establecimiento se encuentra a la altura de las bodegas de vino mas finas del mundo, tanto así que Jean-Claude Berrouet, responsable de la producción del vino Petrús hasta el año 2010 arregló un encuentro con Madame Tseng en el cual se vieron contrastes interesantes entre el vino y el té.

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Aunque es consultada por chefs, maestros del chocolate y hacedores de queso, que buscan sus conocimientos ya sea en la materia de crear balance entre los sabores y los aromas o simplemente para probar sus exquisitas hojas de té, Madame Tseng no olvida que el camino del té se vive de manera simple, sin aspirar fama alguna su único objetivo es poder compartir con cada persona que se cruza en su camino un poquito de esa bruma taiwanesa, una pizca de aromas florales y una sonrisa con sabor a té.

Alain.

Agradecimientos especiales: por tu labor, tu atención y tus sabias palabras Madame Tseng.

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